COMO DECIDI APRENDER A SER UN COBARDE
Un buscador de hombres, un patriota sin patria, un perdedor inveterado que porta a sus espaldas, como una penitencia, la mecha chamuscada de un bomba de lógica que un día le explotó en el corazón al ir a analizar con calma un mar de silogismos.
Me han dicho que me he vuelto loco de repente, en una tarde, y mezclo el pasado y el presente, confundo el que ahora soy con el que he sido. Que ha variado, sin causa aparente, mi perspectiva del mundo y sus gentes y en plena conversación acostumbro a divagar y contradecirme. Que me pongo a hablar de un mastín sin dueño que por las noches vela el sueño de las niñas con bucles que salen en los cuentos, de un guepardo risueño que araña a las arañas que quieren asustarlas. "Todas esas cosas que imagino las convierto en realidad a mi solo capricho" mantienen que les he dicho para tomarles el pelo. Y les respondo que no, que a mi forma de ser no la vuelven del revés los accidentes.
Preguntas y más preguntas, respuestas y más respuestas, para que les quede claro que no he cambiado: que si me tocara la loteria seguiría siendo pobre; si se publicara lo que escribo seguiría siendo sabio... nadie... un infeliz como hasta ahora, y por los siglos de los siglos. Para que sepan todos ellos que si me iluminara la luz proseguiría andando a oscuras. Y si una princesa rubia me besara en los labios seguro que ahí continuaría: croando a pleno pulmón... subido a una piedra en el centro del charco. Para que se enteren de una vez por todas que no les miento.
"No, no creo que nada fuera a mudar de raíz porque de repente, una tarde, una de tantas, yo me volviera loco", les repito. Y ellos me contestan que ya lo estoy, que eso es lo que soy, un loco, pero que ni siquiera he llegado a apercibirme del detalle. Lo hacen con otras palabras, ¡claro!.
Nunca me he sentido Napoleón y tampoco creo que jamás lo llegara a ser por mucho que me fallará el juicio. Siempre me han interesado los libertinos, los aventureros, y seguro estoy de que un tipo como Casanova no iba a dejar de llamarme la atención porque en un futuro mi razón llegase a flaquear. Y bien loco, loco como un cencerro como una regadera, de proclamarme erudito, un Séneca o algo así, una venada de esas que solo se les ocurren a los locos, estoy seguro de que continuaría entreteniéndome con las páginas del ¡HOLA!. Ellos me responden que así lo vengo haciendo y me muestran un número muy viejo, con una foto de Marta Chávarri en la portada, que mantienen haber encontrado escondido debajo de mi somier. Ni puto caso. Y aún más loco, más loco todavía que un psiquiatra, no me imagino, tampoco, que fuese a dejar de echarles un vistazo a las chicas desnudas que salen en INTERNET porque en mi fuero interno de majara me sintiese una especie de asceta o un santo. Manías, ambas, muy propias también de chiflados, las dos. Y ellos me contestan, entonces, que la red es perniciosa porque con tanta pantalla, y tanto color, provoca disipación, disgresión, perturbación.
A veces recapacito y me digo que es posible que algo, dentro de lo anómalo, puede que sí me sucediese aquella tarde. Perdí, sin saber el como ni el porqué, el sentido. Y a partir de entonces, justo es reconocerlo... es verdad que a veces renuncio a defender mi razón cuando me siento acorralado, los electrodos hacen pupa, que hay otras en las que me meto la lengua en salva sea la parte y me pongo a contar hasta trescientos antes de enfrascarme en discusiones, la vida tiende a moverse al ralentí cuando uno está atiborrado de valiums, y otras más en las que, sin yo casi esperármelo, empiezo a repartir enhorabuenas a todo bicho viviente -por ejemplo, a las monjas teresianas- por chorradas que les gusta hacer y que en el fondo a mi me la traen floja, los efectos entrañables del prozac. "¡Qué más da!" -me digo cuando esto me ocurre- "a los locos se les quita la razón aunque la tengan: carecen de prestigio aristotélico; los clinch los termina deshaciendo casi siempre el más estilista de los dos púgiles; y mi gusto es tan personal, mis ídolos tan raros todos ellos, que es posible que adolezca, sin siquiera sospecharlo, de enormes carencias de criterio".
"Días de locura, días de renuncia" anoto en un cuaderno que me dieron el otro día, en el comedor, para que vaya escribiendo en él lo que se me ocurra.
"A todos suelen caernos más o menos bien los perdedores, porque todos, más o menos, nos reconocemos a veces como uno de ellos, uno de tantos. A todos nos dan miedo los locos y nadie desea convertirse en uno de ellos. Pero la locura existe. Lo debes saber..." me dice a veces, siempre muy despacio, poniéndose muy serio, el doctor Amezcua sin que jamás venga a cuento. Le odio.
Y hoy, ahora, tengo miedo, a todos les tengo miedo. Estoy loco. O eso dicen. Y es posible que a causa de todo esto que me está pasando, y les estoy contando, me ponga a intentar a aprender, a partir de mañana, como hay que hacer para poder seguirles la corriente a los cuerdos. Pero de momento, esta noche, a pesar de no encontrarme demasiado bien de la cabeza, cuento aún con los arrestos suficentes para mandarles a tomar por culo a los médicos.
8 comentarios
Es una verdadera lástima que abandones el hábito de entregar manuscritos a diestro y siniestro.
El verdadero cobarde no se hace: nace
¿Y el verdadero valiente? ¿Puede hacerse, en tu opinión? En caso afirmativo ¿puede hacerse a partir de un cobarde?
El verdadero cobarde nace, pero el verdadero valiente se hace, pero nunca a partir de un verdadero cobarde, sino de un falso cobarde o un cobarde sin más. Los griegos lo tenían muy claro al perfilar a los hérores, esos seres a medio camino entre los dioses y los hombres, pero con un destino trágico.No existe, en cambio, el verdadero valiente innato, salvo el completamente imbécil y carente de imaginación. Todo es una cuestión de definiciones, me temo que como siempre. El cobarde es un individuo que en los momentos decisivos huirá, y quizá sobreviva; el valiente, falso cobarde, se quedará y afrontará su peligroso destino y a veces, el primer sorprendido de su actitud será él (Cf.- La Iliada, Herman Melville, J. Conrad y uno mismo)
Item mas:
Tirando de biología, en las tribus que aún mantienen combates a muerte cuerpo a cuerpo, los antropólogos han comprobado que los valientes viven menos, pero se reproducen más y los cobardes a la inversa; las dos actitudes son transmitidas diferencialmente en la población.
Yo he sido acusado de valiente en alguna ocasión, como en un naufragio, pero en realidad era fatalismo: no iba servir de nada ponerse nervioso. En cambio, el cobarde auténtico se le detecta incluso antes de las situaciones de crisis: es fanfarrón (Dime de que alardeas...)
Este es un tema en apariencia anticuado pero a mi me interesa bastante. No estoy hablando metafóricamente -o no sólo-: yo veo héroes en el metro, acudiendo un trabajo de mierda para mantener una familia compuesta por una mujer ajada con la que ya no tiene nada en común y unos hijos adolescentes que le faltan al respeto y son detestables, y aún así no huye, no desaparece, no coge un billete sólo de ida, simplemente porque considera que es su obligación. Igual con la madre, etc. O puede que no huya y los deje plantados...,porque es un cobarde. Definiciones
Es un texto, muy muy bueno, Lansky. Y me siento tremendamente identificado con él, sobre todo con eso de "Me han dicho que me he vuelto loco de repente, en una tarde, y mezclo el pasado y el presente, confundo el que ahora soy con el que he sido. Que ha variado, sin causa aparente, mi perspectiva del mundo y sus gentes y en plena conversación acostumbro a divagar y contradecirme". Suele pasarle mucho a los exiliados, tanto exteriores como interiores. Qué bien escribes, tronco.
Prometo pasarme por tus blogs más a menudo. Es que febrero siempre me pone un poco apático y olvidadizo.
Saludos.
Miren las cosas que le pasan a Lansky. Consecuencia, no lo duden, de haberse dedicado una buena temporada de su vida a repartir soplamocos, a diestro y siniestro, por media blogsfera. Pero... vamos... ¡ea! que lo de ejercer de "negro" oficial del Lansky es algo que llevo con orgullo o cuanto menos -por si al final de todo no me da tanto marchón el asunto- con una relativa tranquilidad.
Firma: Don Julian demediado por un amable lector.
Chema, Quimérico Impaciente:
Este blog está escrito por Clavadista Solitario, alias Julian Bluff, alias Bluff y yo me limito, como en el tuyo, a dejar comentarios.
Mis blogs, magníficos sin duda, son Lansky-al habla, y Tanis Lem orbitando
Escribe un comentario